«

»

nov 15

Reseña: Radiant Silvergun Xbox Live

Aparecido hace apenas un par de meses en ese batiburrillo de juegos indie, antiguedades para carrozas como yo y remakes, Radiant Silvergun brilla como una joya entre tanta mediocridad. Una joya por fin a nuestro alcance.

 

 

Los shoot´em ups o matamarcianos, ese género tan venerable y tan maltratado. Ese género con el que los videojuegos dieron sus primeros pasos, con el que muchos echamos nuestra primera partida y que con el paso de los años ha sido desterrado no ya a género menor, sino a reducto ultraminoritario solo accesible para los fans más acérrimos. Triste pero cierto, desde hace más de diez años apenas quedan compañías que dediquen tiempo al noble arte de diseñar una nave, un sistema de puntuación, unos cuantos power-ups y la manera más puñetera posible de lanzar diez trillones de balas, meteoritos y kamizakes por segundo contra nosotros. Pocas veces se han cometido mayores injusticias en este mundillo del videojuego hacia sus orígenes.

 

Un momento tranquilo

 

Todo esto viene a colación porque, como pasa en prácticamente todos los géneros, existen juegos buenos, existen infectas mierrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrdas con tilde en la r (copyrigth 1995 by Kim Kapwham) y existen obras maestras incontestables. Radiant Silvergun es una de esas obras maestras, un juego con una categoría de leyenda a su alredor como pocos han alcanzado. en dura liza con Dracula X Rondo of Blood. Ambos comparten su lanzamiento exclusivo nipón en una consola bastante minoritaria (Sega Saturn uno, NEC TurboDuo el otro), la escasísima tirada y los exorbitantes precios que alcanzaron en el mercado de segunda mano durante muchos años. Más de 400 euros por un Radiant Silvergun usado he llegado a ver que alcanzaba en subastas de Ebay. Lanzado primero en recreativas durante 1998 y apenas unos meses más tarde en Saturn, Radiant Silvergun fue aclamado unánimemente como mejor shoot´em up de la ya por entonces agónica consola de Sega. Irónicamente, con este título Treasure inició una triste tradición: la de lanzar juegos fabulosos al final de la vida de consolas que no lograron el éxito. Así pasó más tarde con Sin & Punishment para Nintendo 64 o con Ikaruga en Dreamcast.

 

Todos quieren darnos HAMOR

Pero, por azares del destino y la providencia, por una vez la combinación de calamidades han parido algo bueno. Si juntamos la crisis de creatividad nipona en cuestión de videojuegos, el altísimo coste de producir un juego para las consolas actuales, las pocas ganas de arriesgarse de las productoras actuales y la política del “vamos a cobrarte de nuevo por algo que ya jugastes hace años”… ¿qué nos sale? Pues que Treasure ha ido reeditando poco a poco sus clásicos inalcanzables en Xbox Live, empezando por el gloriosísimo Ikaruga (segunda parte espiritual de este título), y siguiendo por Radiant Silvergun y el reciente Guardian Heroes. Títulos de escasa tirada, poco conocidos por el jugador medio de hoy en día, y con una calidad que hace sonrojar a muchos autoproclamados Game Of The Year.

Pero ¿por qué es tan especial Radiant Silvergun? Podría hablaros del entrañable diseño de todo el juego, empezando por sus peculiarísimas naves y siguiendo por unos personajes herederos de Mischief Makers y Guardian Heroes (Yasushi Suzuki, el diseñador de Sin & Punishment e Ikaruga todavía no estaba en plantilla). Podría hablaros de sus inolvidables músicas, obra de Hitoshi Sakimoto, la batuta detrás de Tactics Ogre, Final Fantasy Tactics, Final Fantasy XII, Vagrant Story y Valkyria Chronicles. Podría hablaros del adictivo sistema de chains que premia la memorización de los enemigos para ir destruyendo en tandas de 3 en idéntico color, aumentando las puntuaciones a niveles estratosféricos. Podría hablaros de su excelente argumento lleno de saltos en el tiempo y giros de guión. Pero, como en todos los grandes matamarcianos, todo lo anterior es la guinda del pastel, cosas que contribuyen a que un título sea inolvidable, pero que por sí solo no lo encombran ni definen.

 


Radiant Silvergun basa sus pilares jugables en dos elementos tan simples como importantes: armas y niveles. Comencemos por las armas: nuestra SilverGun 1 cuenta con la friolera de 7 disparos distintos que podremos usar desde el primer momento: Vulcan, Homing, Spread, Homing Plasma, Black Wide, Homing Spread y la letal Radiant Sword. Cada arma tiene su utilidad y su momento en cada momento de juego, y puede decirse que hay zonas y enemigos absurdamente complicados que se vuelven mansos corderitos en cuanto hallas el arma adecuada para cada ocasión. Nuestra tarea es encontrar cuándo usar cada una, y la mejor manera de usarla. Si nos desintegran no será porque una CPU injusta nos apabulla, sino porque no hemos tenido las bastantes luces para plantear bien el combate.

 

Al fondo hay sitio

 

Los niveles contribuyen a esta mecánica de “cada arma para cada momento” de manera ideal. Están diabólicamente diseñados de tal manera que cada uno nos exija cultivar una habilidad distinta: destrucción masiva, velocidad de manejo, esquiva de balas, precisión de disparo, alternancia de los mismos, pasillos estrechos, elementos móviles del escenario… Y por supuesto, cada zona está pensada para hacerse con un arma distinta en cada momento. Esta mecánica de prueba, fallo y volver a empezar puede frustrar rápidamente al jugador actual, muy acostumbrado a hacer atentados contra la jugabilidad del estilo “pues ahora en esta zona le bajo la dificultad porque me han matado 2 veces y me enfado”. Aquí entra de nuevo en acción la sabiduría jugable de Treasure, otorgando a cada arma niveles de experiencia en base a las naves destruidas con ella y tiempo de uso. Cuanto más usemos un tipo de disparo, más potente lo haremos, aumentando exponencialmente nuestras posibilidades de supervivencia. ¿Que te mata rápidamente el jefe de la segunda fase? Vuelve a jugar: la próxima vez te costará menos porque a: ya conoces sus patrones y b: tus armas serán más potentes. ¿El resultado? Horas y horas de diversión arrasando los cielos.

 

Uno de tantos, todos puñeteros

 

Y hablando de los jefes, se merecen un apartado para ellos solos. Decir que Treasure es una compañía que cuida los jefes finales a estas alturas es una perogrullada. Todos recordamos las épicas batallas contra Tageri en Ikaruga, contra los Celestiales en Guardian Heroes o, si nos ponemos aún más viejunos, contra Seven Force en Gunstar Heroes. En Radiant Silvergun, Treasure da la impresión de querer dar un puñetazo en la mesa y decir “Esto es lo que hacemos, y lo hacemos mejor que nadie”. Solo pondré un dato: la primera fase cuenta con cinco jefes durante toda su duración.

CINCO JEFES FINALES. EN-LA-JODIDA-PRIMERA-FASE.

Eso son más jefes finales que en el 90% de los títulos de la presente generación. Qué demonios, 5 horas es más duración que las de algunos Call Of Duty. Porque a este título le vais a echar muchas horas: primero para superar todas sus fases, luego para terminar de subir todas las armas al nivel máximo y finalmente para desafiar el sistema de Chain y romper todas nuestras puntuaciones anteriores en una orgía de fuego y chatarra. Y por cierto, como no puede faltar en un matamarcianos clásico, el nivel fácil es bastante más difícil que el nivel ultradifícil de muchos juegos actuales. Desafiante, sádico en ocasiones, pero siempre justo.

 

Aunque no lo parezca, aquí hay pocas balas

 

En el aspecto técnico, poco que destacar. Se han suavizado los bordes, se han eliminado muchos píxeles y en general la imagen es más clara, facilitando el manejo. Pero no vamos a encontrarnos con un remake brutal del estilo Castlevania: The Dracula X Chronicles , sino con una puesta al día bastante apañada. El control se hace bastante ortopédico usando un gamepad normal de Xbox360, por lo que es recomendable usar ese Arcade Stick que tenemos guardado para los juegos de lucha y al que se le puede sacar mucho más partido del que creemos.

 

 

Tablas de puntuación globales y juego cooperativo via Xbox Live, así como un modo práctica por si necesitamos repasar alguna zona en conciencia e inusuales regalitos cuanto más juguemos (chorraditas para el avatar y un modo Ikaruga). Todo esto por 1200 Microsoft Points, que al cambio son unos 18 euricos y que pueden quedarse fácilmente en 15 dependiendo de vuestro proveedor de puntos. Si os gustan los matamarcianos, los juegos clásicos o simplemente buscáis algo duradero con el que liberar stress, Radiant Silvergun es vuestro juego. Y, por primera vez en años, está barato.

 

 

 

 

1 comentario

  1. darthkafka

    Excelente post, para empezar un blog cojonudo. Gran juego, de lo mejor… eeehh… de lo mejor… EVER!! XDDD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes utilizar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>